La tía María
Un día la tía María, como echaba de menos a sobrina Susanski, decidió que lo mejor era mandarle una carta (nada de emails, una carta escrita a mano). Recordaba allá en su juventud (aquí hay que aclarar que la tía es más vieja que Google) las cartas que se escribía con su mejor amiga. En realidad, eran cajones de sastre metidos en un sobre. En ellos había de todo: dibujos, chistes, cuentos y las mandaban por correo.
De aquel maremágnum postal, salieron estos cuentos.
En palabras de su propia sobrina, “Está loca pero no pasa nada”, y es que esta “loca” escribe historias que nunca parecen lo que son ni son lo que parecen, además de diseñar, programar y despistarse provocando incidentes casi tan locos como algunas de sus historias.